El antiguo Antroxu de Avilés

Las Fiestas de Carnaval en Avilés siempre tuvieron una gran tradición y raigambre, convivieron en ellas dos tipos de celebraciones: el popular antroxu y el carnaval galante de las clases pudientes.

Aquel Avilés del siglo XIX y principios del XX contaba con una población de unos 25.000 habitantes, formada en un elevado porcentaje por rentistas y acomodados, consecuencia de la emigración americana. Ellos celebraban ese carnaval de paseos en carrozas y coches engalanados, de bailes de disfraces y de batallas de confetti y serpentinas, a imitación del de Niza o Venecia, especialmente el Domingo y el Martes de Carnaval, que se prolongaba con las piñatas del sábado y domingo siguientes.

 

El Lunes de Carnaval, por el contrario, era el día en que las clases populares y, especialmente, los habitantes de los núcleos rurales cercanos tomaban la villa con su tradicional antroxu -denominación de estas fiestas en lengua asturiana-, con sus disfraces esperpénticos, sus batallas de huevos y sus murgas, coincidiendo con ser el día del mercado tradicional.

Este carnaval popular venía prolongado con el Jueves de Comadres, en el que se reunían las mujeres a merendar, y se cerraba el Miércoles de Ceniza con el Entierro de la Sardina y, más antiguamente, el Domingo de Piñata también conocido como de Vieya, por quemarse en él muñecos de trapo o ropa vieja, como símbolo del fin del invierno.

El antroxu de Avilés fue decayendo, tras las limitaciones y prohibiciones de máscaras que se sucedieron en los difíciles años de la República, de la Guerra Civil y de la posguerra, hasta quedar circunscrito a unas fiestas infantiles o a celebrar en sociedades o círculos cerrados.